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Así Soy Yo, El Ajo Morado |
| "MIS RECUERDOS" |
Me gustaba oir los cantos del gallo allá en la madrugada, o el aullido de los perros en las noches de luna nueva; el maullido de los gastos en luna llena; el rebuzno de un asno perdido en la lejanía y, como si del eco se tratase, otros rebuznos más lejanos; el sonido de la lluvia en el invierno, la tormenta en verano; cantar a la alondra en primavera y el piar incesante del gorrión todos y cada uno de los días del año; el canto del cuco o de la alondra en las tibias madrugadas de las alegres mañanas de nuestra hermosa primavera, y me llenaba el alma los toques de campanas con su peculiar lenguaje, que aprendí de memoria: llamadas a misas; sonidos alegres para anunciar un nacimiento, un bautizo, o una boda, toque al medio día o de angelus, toques con lamento y llanto, para avisar al pueblo de que un vecino había muerto dejando claro en su lenguaje si se trataba de hombre o mujer, recordando siempre a aquel poeta que evocaba melancólico las campanas cuando decía..
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"Campanas de mi lugar vos me queréis bien de veras cantasteis cuando nací, llorareis cuando me muera..".; o el incesante repicoteo anunciando incendio o cualquier otro desastre, destacando de todos los demás toques, el tañido incesante, triste y melancólico, que la víspera y noche del día de difuntos, impregnaba las calles del Pueblo, haciendo llegar a quien las escuchara el recuerdo, de los que en otros tiempos también escucharon su tañido, y hoy podrían andar necesitados de oraciones. Todo esto antes de que la torre de nuestra iglesia se vistiera de blanco, el agua la bebiéramos de un grifo, el polvo de nuestras calles fuera tapado con áspero y negro alquitrán, se destruyera el pilar y su espacio fuese ocupado por un feo y áspero edificio de ladrillo, y de nuestras casas desapareciera el espacio destinado a corral, hábitat del Gallo y sus gallinas, suplantado por cuartos de aseos, duchas, y lavabos, y..., radios, televisores, lavadoras, llenaran todo nuestro espacio disponible, no dejando sitio a la amistad ni a los recuerdos. |
Celebré con este pueblo sus fiestas, especialmente sus bodas, que empezaban con la visita que los novios hacían al cura del pueblo para comunicar el día de su boda, celebrando una fiesta familiar que llamábamos “otorgo”. Y el final de la boda, que se hacia siempre en la era el Moral, donde los invitados despedían a los novios, con el baile de una última jota. También me adapté a sus fiestas Jesús y Jesusillo, Cristo y Cristillo, patronos de este Pueblo. |
| Conviví con sus tradiciones extendidas a lo largo de todo el año. Comenzaban estas con la hermandad de las Benditas Ánimas, hermandad compuesta de cuatro tambores, seis alabarderos, diablos y cofrades. Su actividad consistía en pedir limosna todos los días festivos comprendidos entre el veinticinco de diciembre y miércoles de ceniza, periodo de actividad de esta hermandad. Hacían la petición de limosna los seis alabarderos visitando todas las casas del pueblo a primeras horas de la mañana de domingos y festivos, a la una del medio día se unían los cuatro tambores y así, tambores y alabarderos, portando sus alabardas llenas de sombreros (piezas de pan en forma de triángulo con un agujero en medio especialmente amasados y confeccionados para este evento) unos, y otros haciendo sonar sus tambores, con su típica melodía, recorrían las principales calles del pueblo, pidiendo esta vez la limosna en veloz carrera, admirados por los vecinos de estas calles, que al escuchar el redoble de los tambores se asoman a sus puertas para entregar su donativo al más veloz de estos alabarderos, que solo debían de recoger la limosna de los vecinos del lado de la calle que antes de la salida les hubiese correspondido. |
Terminaba este recorrido en la plaza mayor donde se hacía recuento del dinero recaudado por cada uno de los alabarderos, anotándosen y registrándosen las cantidades recogidas por cada uno, para al final de la temporada, premiar al alabardero que más dinero hubiere recogido. También se almonedeaban los donativos recogidos en especie, sombreros, pan y otros tipos de viandas.
Todo el proceso se hacía repetitivo festivo a festivo, hasta el día de la candelaria, que a este cortejo se unía el personaje del judas, personaje que se vestía con un traje típico adornado de calaveras y con un hisopo en la mano que agitaba para asustar a los chiquillos que en tropel seguían a este singular personaje cuando hacía su recorrido pidiendo limosna de puerta en puerta.
El primer día de carnaval, a judas y alabarderos se unían los diablos, vestidos de blanco y portando grandes cencerros. Su misión era pedir limosna por todas las aldeas y casas de campo del pueblo, también talaban y transportaban unos palos de chopo, con los que cortaban las calles que tienen acceso a la plaza mayor, para así en los horarios de misa pedir limosna a todos los que acudían a la iglesia, no dejando pasar a los que no daban donativo, el judas cortaba el paso en la puerta de la iglesia, no dejando oír misa al que no entregara donativo.
El martes de carnaval a primeras horas de la mañana los diablos hacían una gran hoguera aprovechando sus brasas para hacer las famosas tortas de diablos, que se vendían en el mismo lugar donde se habían preparado, una vez habían sido extraídas de las calientes brasas donde se había realizado su cocción.
Finalizaba los actos esta hermandad el martes de carnaval a la tarde, con un típico recorrido por el pueblo, anunciando el dinero recaudado por todos los componentes: alabarderos, judas y diablos. Los cofrades vestían capas negras, y al final del recorrido y cuando todo el cortejo por la calle mayor se dirigía a la plaza, al llegar a la altura, de la casa de los Bohs, los tambores cambiaban su sonido, por un sordo y triste redoble, dando así entrada a la cuaresma. Todo el dinero recaudado se empleaba en misas repartidas a lo largo de todo el año, y ofrendadas a las almas de los difuntos que limpian sus pecados en el purgatorio. Todo esto queda recogido en un bonito altar que esta hermandad posee y expone en la Iglesia Parroquial de Nuestra Sra. De la Asunción. |
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El diecisiete de enero los habitantes de este Pueblo celebraban y aún celebran la festividad de San Antón, santo muy unido a los animales. Como tradición queda la bendición a todo tipo de animales, y casi extinguida la bendición de mulas, caballos y asnos, con los que al finalizar la bendición se competía en típica carrera que se denominaba, vueltas de San Antón. El día veintiocho de Enero se celebra la festividad de San Julián Obispo de Cuenca, fiesta de mucha tradición y arraigo local. Destaca en esta fiesta el reparto de panecillos a chicos y mayores en las puertas de la ermita de este santo, su almonedeo de ofrendas, caracterizadas por sus roscas de pan y calabazas, y como no, el paseo que en torno a esta ermita en el día de la fiesta se formaba, y en el que era propicio el fructífero principio de noviazgos. |
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PÁGS
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