Así Soy Yo, El Ajo Morado
"MIS RECUERDOS"

Vi levantar la ermita del Santo Cristo, propiedad de la familia Orea y los Molinas, descendientes del Gran Capitán. Ermita dedicada a la contemplación de la vida, ya que todas sus imágenes realatan una parte de ella. Preside esta ermita la imagen del Stmo. Cristo de la Humildad, patrón de Las Pedroñeras.

También vi construir la casa del cura, llamada casa del Curato, con su hermoso patio. El Palacio de los Bosh donde, alguna que otra vez, pude ver a Isabel la Católica que, a su paso hacia Andalucía o Murcia, pernoctaba en esta casa palacio, donde degustó platos en los que formé parte como condimento.

Presencié las declaraciones hechas a la Santa Inquisición por algunos vecinos de este pueblo, y en las que se trataba de averiguar la muerte de varios niños en extrañas circunstancias. Muertes que se achacaban a apariciones de brujas venidas de otras poblaciones, por lo que se pusieron varias cruces en las cercanías del pueblo y en sus calles y plazas principales. Tomé relevante importancia en este tiempo, pues en todas las casas se colgaban ristras de ajos, para ahuyentar con mi presencia a estas brujas que nunca pudo descubrir la Inquisición.

También durante mucho tiempo escuché el relato del Tío Cosio, que según cuentan, en una noche de arrebato, y cargado de grandes y afilados cuchillos, entrando en una de las casas del Pueblo donde se celebraba un otorgo (fiesta que se hacía cuando unos novios hacían pública la fecha de su matrimonio) en busca de un vecino, y sin mediar ni decir palabra, comenzó a dar puñaladas a todos cuantos encontraba a su paso, dando muerte a tres personas e hiriendo a otras diez o doce. Se dio la circunstancia que al vecino que buscaba no pudo encontrarlo, pues este al verlo entrar en la vivienda, dicen que dio un garrotazo al candil que alumbraba la estancia y pudo así camuflarse en la oscuridad. Del final del Tío Cosio se sabe poco pues cuando la gente del pueblo se enteró del suceso y salió en su busca, el Cosio salió huyendo y se refugió en una cueva que había bajo la ermita del Sepulcro. La gente trató de hacerle salir de la cueva prendiendo fuego a la entrada de la misma, pero cuando el fuego empezaba a tomar importancia, llegaron fuerzas de orden público que le hicieron salir y lo condujeron a Belmonte, no volviéndose a saber nunca nada más de él.

Guardo un recuerdo especial al año 1.471, fecha en que este Pueblo, con todos sus habitantes y pertenencias, se incorpora a la Corona Real, de las manos de Jorge Manrique, capitán y apoderado de los Reyes Católicos, que conceden a este pueblo el titulo de Villa. Como no recordar el año 1.575, fecha en que Felipe II, pide a sus gobernadores relación de todas sus villas y aldeas, y así D. Damián Bravo, escribano público de este ayuntamiento, declaró a D. Jerónimo Briceño de Mendoza, Gobernador de este Marquesado, que "esta villa se llama Las Pedroñeras, por encontrarse fundada sobre piedra y que no saben ni entienden que haya tenido otro nombre". También dijo que esta tierra es "más bien fría que caliente y que su tierra es llana, de la villa, al medio día y un poco quebrada hacia el norte, pero tierra muy sana, que habrá como unas trescientas casas y unos trescientos cincuenta vecinos, que la mayoría son pobres, pues todos viven de labrar y criar y de esto no hay nadie rico, que a la parte donde sale el sol y a una legua larga pasa un arroyo que se llama Zancara que se seca los veranos y en su ribera hay diez casas de molino, Angostura, Bohon, Zancara, La Veguilla, Texadillo, Hituelo, Moral, Concejo, Las Monjas, y El Castillo, donde muelen los vecinos de este Pueblo, que cuando se seca han de marchar a moler al río Júcar". Dijo también que esta villa goza de privilegios concedidos por los Reyes Católicos y confirmados por su M. S. del Rey D. Felipe, para que sea Villa y tenga jurisdicción civil. Todo esto es confirmado por los Señores García de Montoya y Francisco Gómez, alférez y regidor estando presentes Juan de Barrientos y Andrés Velloso, alcaldes ordinarios además de otros vecinos y testigos.

Así tome nota de muchos de los apellidos dominantes de este pueblo; Almansa, Alvarez, Angulo, Araque, Arauz, Arellano, Azabarte, Bacete, Badillo, Barchin, Bonillo, Buedo, Caballero, Cabeza, Calero, Calvo, Campos, Cano, Cantarero, Cardos, Carrasco, Carrion, Casamayor, Castellanos, Castillo, Crespo, Cubero, Cuenca, Cueva, Chacon, Charco, Checa, Delgado, Diaz, Domingo, Escudero, Escribano, Fresneda Fernandez, Gabaldon, Galindo, Gallardo, Gallego, Garcia, Gil, Gomez, Gonzalez, Granado, Grande, Granero, Guijarro, Gutierrez, Haro, Heras, Hñerreros, Higueras, Hortelano, Ignacio, Iniesta, Izquierdo, Jareño, Jerez, Jimenez, Lerin, Lillo, López, Lorente, Madrigal, Marchante, Martínez, Membrilla, Mena, Minaya, Mercadillo, Mesas, Molina, Monedero, Moreno, Mota, Moya, Moyano, Navarro, Ojero, Olivares, Olmo, Ortiz, Osa, Pacheco, Parra, Perez, Pernia, Picazo, Plaza, Porras, Pozuelo, Rabadan, Ramírez, Ramos, Redondo, Requena, Revenga, Rodriguez, Romero, Rubio, Ruiz, Saez, Salamanca, Salas, Salcedo, Salido, Sánchez, Santos, Solana, Solera, Sotos, Vargas, Villaseñor, Villegas, y aunque para mi todas las familias fueron ilustres, tengo que recordar los nombres de unas cuantas que hicieron historia en alguna época de nuestro pueblo:

Los Fernández de Córdoba, Cea Bermúdez o Conde Colombi, Los Bosch y Baillo, Los Montejano, Los Portillos, Los Iniestas, Los Zapata, Pelayos, Orea, Mendizabal.

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Recuerdo, la construcción de la ermita hoy de San Julian , en un principio de San Gregorio Nasceno, propiedad de la familia Tortosa, hoy dedicada al culto, celebrándose en ella misa, todos los días del año. - otras veces lugar donde recuerdo haber estado almacenado. Y como no, otro recuerdo inolvidable, la llegada de la luz eléctrica, año 1.911, un acontecimiento que cambiaría la historia de este Pueblo y de sus habitantes.

Así podría enumerar todos y cada uno de los monumentos y rincones de este Pueblo, por desgracia no conservados, pues sus gentes inmersas en sus trabajos, no han dedicado tiempo a la historia y sus gobernantes ansiosos de modernismo no han querido conservarla, y así desapareció, la Casa de los Bohs, la fachada del colegio de Jesuitas, los molinos de viento, el patio de la ermita del sepulcro, los olmos, que durante varios años presidieron nuestra plaza mayor, ultimas reliquias Europeas de su especie, y que fueron talados en fragante alevosía, una fría noche de invierno, sin que nadie del pueblo los echara en falta, el pilar, centro de labradores. Y así infinidad de reliquias y monumentos. Pero mi memoria guarda gratos recuerdos de sus personas e historia y no quisiera enturbiarla con lamentables recuerdos.

De sus habitantes lo recuerdo todo, y de sus personajes, recuerdo la clara voz del pregonero, anunciando todo lo que en el pueblo pasaba; lo que se podía comprar y donde, repitiendo incansable su pregón en cada esquina, a los niños gritando incansables, jugando por calles, plazas y esquinas, a mujeres tomando el sol en el invierno, cosiendo a la sombra en los veranos. Los trescientos y pico, telares de otros tiempos, haciendo, atacolas, ligas, bolsillos, faldiqueras, fajeros de seda, de algodón o estambre.

A las chicas moviendo y trabajando los bolillos, a las mozas preparándose el ajuar para su boda, a los viejos hablando y contando sus historias tantas veces repetidas. Al cura paseando con su traje largo y negro, arrastrando sus años y siempre predicando sus sermones. A la Guardia Civil, siempre de dos en dos, siempre temidos. Al medico del pueblo con sus maneras de curar y recetar sus medicinas, al practicante en bicicleta, hirviendo sus agujas delante del enfermo, me agradaba escuchar la ronca voz del chatarrero, o el silbar de aquel afilador gallego.

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PÁGS